lunes, 3 de junio de 2013


CIEN AÑOS QUE SE HAN PASADO VOLANDO


Tarjeta con la imagen del Bleriot XI de Léonce Garnier, despegando en los llanos de Guanarteme,
Gran Canaria.

Como parte de los actos de celebración del centenario de la aviación en Gran Canaria, Correos ha emitido un sello conmemorativo. El 30 de abril de 1913, un improvisado campo de vuelo en Guanarteme, que en aquellos años formaba parte del municipio de San Lorenzo, sirvió para que despegara por primera vez en Canarias un avión modelo Blériot XI, pilotado por el francés Léonce Garnier. El rudimentario aparato había llegado a la isla desmontado en un barco y su vuelo se organizó como un número más de las fiestas de San Pedro Mártir. Entre los días 30 de abril, 1 y 4 de mayo, siempre entre una  gran expectación, Garnier completó varios vuelos de exhibición con diferentes pasajeros, e incluso se acercó hasta la vecina ciudad de Arucas, que de esta forma se convirtió en el segundo municipio canario en pasar a la historia de la aviación.
En cuanto a los pormenores relativos a la consecución de este efecto postal, como suele ser habitual,  no resultó fácil, pues Correos rechazó en principio la argumentada solicitud planteada desde la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria, organizadora del centenario. Dicha entidad  tuvo que poner todo su empeño y emplearse a fondo para conseguir este objetivo. El sello, de atractivo diseño, obra de Pep Carrió, reproduce el primitivo aeroplano en vuelo, sobre el mapa de las islas, con un valor facial de 52 céntimos y una tirada de 300.000 ejemplares. Al afecto, Correos dispuso el día de su presentación, el 7 de mayo, de sendos matasellos de primer día en ambas capitales canarias.

Un comienzo accidentado.
Tarjeta que muestra el estado en que quedó el avión de Garnier, tras su accidentado aterrizaje en Tenerife.
Estos inicios de la aviación en las islas, no estuvieron exentos de algunos incidentes, que afortunadamente no pasaron a mayores. Así, el mecánico que acompañaba al piloto galo, Agustín Mañero, se hirió una mano con la hélice del aparato. Por otra parte, tras completar su estancia en Gran Canaria, el avión se embarcó el día 8 hacia Tenerife. Allí estaba previsto que también realizara varios vuelos de exhibición con motivo de las fiestas de mayo. El día 10, tras un corto vuelo de apenas siete minutos, habiendo despegado en la zona inmediata a la Montaña de Ofra, el Blériot XI sufrió serios desperfectos a la hora de aterrizar, al inclinarse bruscamente en una zanja y luego estrellarse, dado el mal estado de la improvisada pista. Ello le impediría continuar el programa previsto, y tampoco pudo realizar el proyectado raid entre las dos islas centrales del Archipiélago. En definitiva, aunque el aventurero de los cielos Garnier, colocó a las islas en la historia de la aeronáutica, su experiencia en Canarias, accidente incluido, le resultó ruinosa, pues no obtuvo ni de lejos las ganancias que pretendía conseguir con este espectáculo. En concreto, en Gran Canaria, los periódicos de la época expresaban su queja acerca de la insuficiente atención que las autoridades habían dado al trascendental evento, o al mal estado del campo de aviación. Pero además, los organizadores obviaron que las lomas cercanas al improvisado aeródromo de Guanarteme, constituían excelentes atalayas para los noveleros, de tal forma que se escabulleron de pagar la entrada para ver el espectáculo.

Este fue el inicio de la aviación en Canarias, si bien hasta 1919 no llegaría el primer avión por sus propios medios al Archipiélago. Cien años después, la vida y la economía isleña no se entenderían sin este medio de transporte, que permite comunicarnos con el exterior, entre las propias islas, y es el principal soporte de nuestra principal actividad económica: el turismo.

Sobre y matasello primer día de Santa Cruz de Tenerife.

Sobre con el sello y matasello de primer día de Las Palmas de Gran Canaria.